Señales de una alimentación deficiente

Señales de una alimentación deficiente
  • Redacción Juslab

La base de toda alimentación debe incluir un rango muy amplio de ingredientes. Desde frutas hasta proteínas, todo requiere cierto nivel de armonía para que el cuerpo reciba sus nutrientes con normalidad. Sin embargo, esto no se puede llevar a cabo si el individuo rompe el equilibrio con exceso de tal o cual alimento; si pasas tus días dentro de una oficina o en entornos laborales donde no hay tiempo suficiente para esparcirte, es muy probable que comas cualquier garnacha, bebas azúcar en forma de agua y trates de calmar el hambre entre comidas con alimentos destinados a la botana.

El tiempo y las reacciones del cuerpo son dos cosas de las que es imposible escapar. Poco a poco, el organismo manda señales de que algo no anda bien. Cualquiera puede significar un riesgo sanitario a largo plazo porque el síntoma viene acompañado de una enfermedad crónica que llegará hasta las últimas consecuencias si no es atendido a la brevedad.

Busca ayuda médica inmediata si:

  • Tu cansancio es extremo, al grado de presentar fatigas repentinas y muy intensas durante el día. Incluso te resulta complicado incorporar el cuerpo al despertar, ya que prefieres seguir durmiendo. Aquí hay falta de vitaminas, minerales y nutrientes en general.
  • Las uñas empiezan a deformarse conforme crecen. Esto indica una deficiencia de zinc, que es responsable de mantener al sistema inmune activo y alerta ante cualquier emergencia. También pueden observarse manchas blanquecinas y quiebres.
  • Debilidad en huesos y músculos. Contar con bajos niveles de vitamina D impide la correcta transfusión de los nutrientes al sistema muscular y óseo. Es incluso una deficiencia palpable cuando los músculos comienzan a “brincar” sin motivo aparente, lo cual es conocido en la literatura médica como tics musculares.
  • Lesiones bucales por falta de vitamina B. Desde el descoloramiento de labios, hasta úlceras en encías, cachetes y lengua.
  • Acumulación grasosa. Quizá el síntoma más evidente de la mala alimentación que permea nuestra sociedad. Cuando el cuerpo tiene muy poca actividad física, almacena grasa de forma constante en algunas zonas del cuerpo como el abdomen y las piernas. A la larga, el exceso de este fluido propicia el sobrepeso y la obesidad, con todos los efectos secundarios que desencadena.
  • Enfermas con mayor frecuencia. Debido a las deficiencias del sistema inmune, cualquier agente externo puede ingresar al cuerpo y hacer de las suyas con nuestro organismo sin recibir daños considerables por parte de la débil protección corporal. Incluso los tejidos más sensibles pueden reaccionar ante la dificultad; dos de los ejemplos más claros son el sangrado de nariz recurrente y una pobre visión nocturna.

Cualquier señal de estas sería motivo suficiente para detenerse un momento y replantear nuestra alimentación. Apóyate con un especialista, el cual te brindará la información necesaria que te permita revertir por completo la balanza.

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